La Ciudad de México se afianza como la entidad con menor nupcialidad del país tras registrar 3.0 matrimonios por cada mil habitantes.
29 septiembre, 2026 | 11:54 a. m.El INEGI reveló que la Ciudad de México se posicionó en el último lugar nacional de nupcialidad, al registrar apenas 3.0 matrimonios por cada mil adultos, cifra distante del promedio nacional de 5.4. El indicador refleja una reconfiguración sociodemográfica impulsada por el aplazamiento de la edad para casarse, el incremento de hogares unipersonales, la preferencia por la unión libre y los altos costos de vida en la metrópoli.
CIUDAD DE MÉXICO; 29 de septiembre.-
El proyecto de formalizar una relación mediante la vía civil ha dejado de situarse en el centro de las prioridades para los habitantes de la capital mexicana. Las cifras más recientes de la Estadística de Matrimonios (EMAT) presentadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan que la Ciudad de México anotó la tasa de nupcialidad más baja del territorio nacional, ubicándose en apenas 3.0 enlaces por cada mil personas mayores de 18 años.
Esta brecha resulta marcada en comparación con la media del país, la cual se fijó en 5.4 matrimonios por cada mil adultos. Mientras estados con dinámicas distintas como Quintana Roo, Campeche y Sinaloa encabezan los registros nacionales al alcanzar tasas de hasta 8.6 uniones, la capital comparte los peldaños inferiores junto a entidades como Tlaxcala y Guerrero, que registraron 3.3 y 3.6 matrimonios por cada mil habitantes, respectivamente.
El indicador sociodemográfico expone transformaciones profundas en el tejido urbano de la metrópoli. A lo largo de la última década, la edad promedio al momento de contraer matrimonio ha experimentado un aplazamiento constante, concentrándose la mayor proporción de registros en el segmento de 25 a 29 años. A la par del cambio en las aspiraciones individuales, el fenómeno responde a la consolidación de nuevos esquemas de convivencia, como la unión libre y el crecimiento sostenido de los hogares unipersonales, sumado a factores socioeconómicos característicos de la vida urbana, entre los que destacan los elevados costos de vivienda y la postergación de la formación de familias tradicionales.
Este declive en la tasa de nupcialidad confirma que la capital del país avanza rápidamente hacia una reconfiguración de la estructura social. Más que una desestimación del compromiso, los datos reflejan un modelo de ciudad donde priman la autonomía individual, la flexibilidad en las dinámicas de pareja y una adaptación paulatina a las exigencias económicas y profesionales del contexto urbano actual.