La ciudad expulsora: El drama social detrás de los traslados interminables en México.

18 agosto, 2026 | 12:22 p. m.

Durante tres décadas, México ha promovido un modelo de desarrollo expansivo que desplazó la vivienda hacia las periferias mientras concentró los empleos en el centro. Impulsado por el encarecimiento del suelo urbano y la construcción masiva de fraccionamientos alejados, este fenómeno obliga a la clase trabajadora a invertir hasta cuatro horas diarias y un 35% de sus ingresos solo en transporte, deteriorando la calidad de vida y erosionando el tejido social.

CIUDAD DE MÉXICO. 18 de agosto 2026.-  

 

Tras más de tres décadas de un modelo de desarrollo inmobiliario enfocado en la expansión horizontal, las principales zonas metropolitanas de México enfrentan una severa crisis de habitabilidad. El fenómeno, caracterizado por el crecimiento desmedido hacia los márgenes urbanos y el despoblamiento paulatino de los núcleos centrales, ha transformado los traslados diarios en trayectos exhaustivos que consumen hasta cuatro horas diarias de la fuerza laboral.

 

Encarecimiento del suelo y desplazamiento socioespacial

La especulación inmobiliaria y los procesos de revalorización comercial han elevado el costo del metro cuadrado en las áreas céntricas, generando el desplazamiento de la población de menores ingresos hacia la periferia. En la Ciudad de México, estimaciones reportadas por Despierta / INEGI señalan que alrededor de 248,000 personas han emigrado de la capital hacia zonas conurbadas, principalmente al Estado de México, debido a los costos de vivienda y la falta de oferta accesible.

 

Políticas de vivienda masiva e infraestructura deficiente

Durante los últimos 30 años, la oferta de vivienda de interés social priorizó la adquisición de macrolotes económicos en zonas alejas de las manchas urbanas tradicionales. Esto derivó en complejos habitacionales desconectados de las redes de servicios públicos básicos. Según datos de la medición de CONEVAL sobre pobreza por localidad urbana, las áreas de la periferia urbana concentran mayores índices de carencias sociales y un acceso inequitativo a infraestructura de agua o drenaje frente a las alcaldías o municipios céntricos.

 

Centralización de la oferta laboral e inequidad de género

A pesar de la dispersión de la residencia, los nodos de empleo y servicios financieros continúan fuertemente concentrados en el centro. Este desbalance afecta de forma diferenciada según el género: análisis del CONEVAL sobre el mercado laboral y género destacan que el aumento de horas dedicadas a tareas domésticas y de cuidado recae desproporcionadamente en las mujeres, quienes al vivir en periferias distantes enfrentan dobles jornadas sumadas a largos tiempos de traslado.

 

Impacto en la economía familiar y la movilidad

El desbalance entre la ubicación de la vivienda y las fuentes de trabajo genera costos económicos y sociales significativos. De acuerdo con especialistas en urbanismo, un habitante de la periferia metropolitana destina entre el 20% y el 35% de sus ingresos mensuales únicamente en transporte público o combustible.

 

A este factor se suma la huella en la salud mental y física por los tiempos de traslado prolongados, además de la sobrecarga en la infraestructura vial y la saturación del transporte masivo en horas pico, retos que hoy obligan a las administraciones locales a replantear sus planes de ordenamiento territorial hacia modelos de densificación vertical y desarrollo orientado al transporte (DOT).

 

Revertir esta inercia requerirá más que voluntarismo gubernamental: exige normativas de suelo inflexibles, incentivos reales para la vivienda social en zonas consolidadas y una apuesta masiva por el transporte público metropolitano. Mientras las políticas urbanas no asuman que la vivienda y el empleo deben habitar el mismo territorio, millones de mexicanos seguirán pagando con su tiempo, su salud y su economía el costo de una ciudad que los expulsa hacia los márgenes.