Europa se asfixia bajo una ola de megaincendios que no da tregua.

29 julio, 2026 | 11:36 a. m.

Un devastador brote de megaincendios alimentado por calor extremo y sequía ha arrasado más de 250.000 hectáreas en el sur del continente, forzando evacuaciones masivas en España, Francia e Italia.

BRUSELAS / MADRID. 29 de julio de 2026

 

Lo que comenzó como un verano sofocante se ha transformado en una pesadilla ambiental de escala continental. El sur de Europa atraviesa semanas críticas acorralado por una cadena de incendios forestales de alta intensidad, avivados por una sequía prolongada y rachas de calor extremo que rebasan holgadamente los 40 °C.

 

De acuerdo con las estimaciones más recientes del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), la superficie reducida a cenizas en lo que va de 2026 supera ya las 250.000 hectáreas. La situación ha rebasado los promedios históricos de las últimas dos décadas y mantiene bajo máxima alerta a los servicios de emergencia de la Unión Europea.

 

"No estamos lidiando con fuegos convencionales, sino con incendios de sexta generación: fenómenos tan voraces que generan su propio microclima y vuelven inútiles los métodos tradicionales de contención", advirtieron fuentes del Mecanismo de Protección Civil europeo.

 

Tras semanas de combate ininterrumpido contra focos masivos que cercaron la Comunidad de Madrid y varias provincias del interior, el país contabiliza pérdidas ambientales incalculables. Decenas de comarcas han sido declaradas zona catastrófica mientras los equipos de extinción intentan frenar los rebrotes impulsados por el viento. Asimismo, la región de Gironda vive sus horas más oscuras. El avance implacable de las llamas hacia zonas habitadas y turísticas forzó la evacuación preventiva de miles de personas. El humo espeso ha cubierto la costa, paralizando la actividad económica en pleno pico vacacional. También, las zonas forestales del sur italiano y el interior portugués registran múltiples focos activos simultáneos. La falta de precipitaciones y el suelo extremadamente seco han convertido la vegetación en un combustible de rápida combustión.

 

Más allá de la pérdida de biodiversidad y la destrucción de infraestructura, la crisis ha escalado a un problema de salud pública. Grandes nubes de humo y partículas en suspensión han viajado cientos de kilómetros, deteriorando drásticamente la calidad del aire en las principales capitales del sur de Europa.

 

Asimismo, autoridades sanitarias de varios países han recomendado a la población, especialmente a niños, adultos mayores y personas con afecciones respiratorias, reducir al mínimo las actividades al aire libre y mantener las viviendas selladas.

 

Aunque las cifras totales aún no alcanzan los récords absolutos del catastrófico 2025, la frecuencia y agresividad de estos eventos confirman que los veranos europeos están cambiando de manera irreversible, exigiendo un replanteamiento profundo en la gestión de bosques y la prevención del fuego.